El Epitafio de Seiquilos es una breve canción inscrita en una tumba que data del s. I a. C. Originalmente ubicada en el suroeste de Turquía, cerca de la ciudad moderna de Aydin, la columna redonda de piedra se encuentra ahora en el Museo Nacional de Copenhage. Las líneas de inicio de la inscripción dejan claro el propósito de la piedra:
Soy una tumba, un icono. Seikilos me puso aquí como un signo eterno del recuerdo de la muerte.
El poema que sigue es un epigrama, una estrofa breve que incide en el hecho remarcado, a menudo yuxtaponiendo curiosamente ideas contrastantes. Aquí se nos alienta a estar alegres, no a pesar de la muerte y los estragos del tiempo sino, irónicamente, debido a ellos. El ethos del epigrama es la moderación entre los extremos. La inscripción termina con dos líneas cuyo significado es incierto pero que parece atribuir el poema y quizá la música a Seikilos.
Sobre las palabras del epigrama hay letras y otros símbolos representando notas en notación griega. Sobre estos símbolos hay signos indicando duraciones. La partitura muestra la notación original sobre la transcripción moderna con el texto griego y una transliteración fonética.
La clara notación rítmica ha hecho esta canción de particular interés a los historiadores. Las notas sin anotaciones rítmicas sobre los signos alfabéticos tendrían una unidad de duración (protos chronos), traducido en la transcripción como una corchea. El guión horizontal (—) indica un disema, que vale dos unidades, y el guión horizontal con un trazo hacia arriba a la derecha es un trisema, que vale tres. Nótese que la duración indicada es la de las sílabas, no la de los sonidos, de forma que el disema puede incluir dos notas musicales (como en la segunda línea) y el trisema una, dos, o tres (como en el final de cada línea).
Es posible transcribir la pieza a notación moderna usando las tablas ofrecidas por Alypius en su Introductio musica, probablemente compilada a finales del s. IV o s. V a. C. Alypius presenta las notaciones de letras para quince tonoi, cada uno de los cuales establece la secuencia de intervalos en el Gran Sistema Perfecto en un ámbito específico. Hay dos grupos de letras para cada tonos—uno para tonos vocales y el otro para instrumentos. El Epitafio de Seikilos usa las notas vocales de los tonos diatónicos del modo frigio, convencionalmente transcrito como la escala de dos octavas desde Si a si’ con dos sostenidos:
La música refleja el texto de varias maneras importantes. La más obvia, las cuatro líneas de poesía están desarrolladas en cuatro frases musicales distintas, todas de la misma longitud (doce unidades de tiempo) y cada una cerrando con un trisema precedido por otra duración larga. El lenguaje griego tiene sílabas largas y cortas; todas las sílabas largas en el epitafio están interpretadas con largas duraciones, de forma que la música sigue el ritmo del texto. Cada frase comienza con una elevación melódica a mi’ y luego desciende a una cadencia, reflejando las inflexiones del discurso. El descenso gradual a lo largo de una octava en la frase final crea un fuerte sentido de cierre.
El modo frigio es coherente con el moderado ethos del epigrama, equilibrado entre dos extremos. En el arreglo de Alypius de los quince tonoi, el modo frigio es el número 7, intermedio entre el más bajo, Hipodórico, y el más alto, Hiperlidio. El uso del género diatónico es también apropiado para un ethos de moderación porque evita así las emociones más extremas asociadas con el género cromático y enarmónico.
La melodía se limita a la octava central desde mi a mi’. La especie de octava es la denominada Frigia por Cleónides, con una sucesión de tonos y semitonos equivalente a la octava de Re a Re en las teclas blancas del piano. La nota más aguda y más grave reciben un énfasis especial—mi’ es la nota más aguda en las cuatro frases y mi es la última nota de la pieza. Las notas la y do#’ son también prominentes como las notas más frecuentes (cada una aparece en ocho ocasiones) y como las notas usadas para comenzar las frases. Hoy y quizá también entonces, la tercera mayor que comienza o termina las tres últimas frases habría sido percibida como brillante, del mismo modo que la quinta ascendente del inicio. Estos intervalos brillantes envuelven el mensaje del poema en una luz de algún modo optimista.
Esta melodía es interesante también porque se ajusta estrechamente a los escritos teóricos griegos acerca de la melodía. Usa patrones descritos por teóricos como Cleonides y Aristides Quintiliano: notas repetidas, como en la primera y cuarta frase; movimiento arriba o abajo de la escala, como en la segunda frase; y repetición de la misma sucesión de intervalos de forma ascendente o descendente, como en el final de la tercera frase (do#’-la, si-sol) y el comienzo de la cuarta (la-do#’, si-re’). Sutiles semejanzas melódicas unen cada frase a la siguiente. Por ejemplo, las últimas cuatro notas de la primera frase son repetidas en el inicio de la segunda; la segunda y tercera frases terminan con las mismas tres notas y ritmo; y la tercera y cuarta frases empiezan con un contorno melódico similar. Como el poema, la música es más compleja e intrigante de lo que pudiera parecer en una primera escucha.
Aunque no hay indicación de acompañamiento, un cantante se acompañaría seguramente a sí mismo con una lira u otro instrumento de cuerda pulsada, quizá interpretando la melodía al unísono o tocando las notas la, mi, u otras notas prominentes.
Epitafio de Seikilos
s. I d. C.
Hozon zis phenou
Mientras vivas, permanece alegre