La parte cantada de la misa comienza con el Introito (término latino para “entrada”). En los inicios de la Edad Media, el Introito consistía en un salmo precedido y continuado por una antífona y era cantado durante la procesión de entrada de aquellos que dirigen la Misa. Luego se convirtió en la práctica habitual cantar el salmo después de que el ministro y el coro estuvieran en su lugar. Sin una acción que acompañe al Introito, el texto se acortó a la forma estándar: la antífona, un verso de salmo, la Doxología (la fórmula de alabanza a Dios que se canta después de cada salmo), y una repetición de la antífona, produciendo la forma ABB’A.
Dos estilos de canto aparecen en este y todos los Introitos. Un estilo, relativamente simple y silábico, es usado para cantar el verso del salmo (indicado con Ps. después de una doble barra) y la Doxología. En este modo de recitado la melodía está formada principalmente de una nota, el tono de recitación del modo, con un inicio que asciende y un final que desciende melódicamente. La mayoría de las sílabas tienen una nota, y otras tienen dos o tres. El otro estilo, usado en la antífona, es neumático, con hasta siete notas por sílaba, y es de un contorno melódico mucho más variado.
Este Introito está en modo 7, como indica el número sobre la letra inicial de la partitura. Ambos la antífona y el salmo comienzan con un ascenso melódico de la final del modo, Sol, a su tono de recitado, Re, y terminan con un descenso de vuelta a Sol, creando un arco melódico que es típico del canto. La antífona a menudo persiste en Do, y algunas de las frases tienen cadencias en La, dos notas secundarias importantes en este modo. Las frases individuales tienden a tener un patrón melódico arqueado, elevándose cerca del inicio, alternando sobre una o dos notas relativamente altas en el ámbito, y descendiendo a una cadencia después.
Aunque el salmo de entrada era originalmente interpretado antifonalmente, alternando dos mitades del coro, en la Edad Media tardía era cantado responsorialmente, alternando un solista y el coro. El cantor canta el comienzo (señalado con el asterisco), y el coro completa la antífona. El verso del salmo y la Doxología son cada uno cantado por solistas (señalados con asterisco) y terminados por el coro. La Doxología no era escrita completamente en los libros de canto porque las palabras eran bien conocidas a los cantantes y porque se cantaba la misma melodía que en el verso del salmo. En lugar de ello, se daba la música sólo para las dos primeras palabras (Gloria Patri) y las últimas seis sílabas, abreviadas a sus vocales E u o u a e (for saEcUlOrUm AmEn). Se facilita la Doxología aquí para mostrar cómo se encajaba la música. Después de la Doxología, se repite la antífona.
Puer natus est nobis
Introito (Misa)